Libro
Averiguaciones de la historia de España
Una mirada crítica a la historiografía oficial
Autor: Señor de Cascales
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miércoles, 26 de agosto de 2026

La verdadera historia de Ceuta: entre crónicas, conquistas y tratados

¿Fue Ceuta española, portuguesa, castellana o marroquí? La pregunta parece sencilla. La historia, sin embargo, se empeña en complicarla.

Para responder con -cierto- rigor hay que hacer algo poco habitual en los debates políticos: separar las épocas y escuchar a las fuentes.

Hemos contrastado la historiografía oficial con pasajes de determinadas crónicas, un resumen documental y varias fuentes archivísticas (todo lo pesquisado por los abajo firmantes). El resultado no ofrece una historia cómoda para los titulares.

Ofrece algo mejor: una historia bastante más interesante.

Antes de Portugal hubo muchas Ceutas

Ceuta no nació en 1415. Mucho antes pasaron por ella fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos y visigodos.

Después llegaron distintas estructuras políticas musulmanas. La ciudad pasó por manos omeyas, almorávides, almohades, benimerines y otros poderes del norte de África.

Por tanto, afirmar que Ceuta fue siempre «marroquí» tampoco encaja con esta larga sucesión política.

Tampoco permite afirmar que fue siempre española por su relación histórica con la península.

La Ceuta medieval cambió varias veces de autoridad. Su posición estratégica convirtió el Estrecho en una auténtica partida de ajedrez.

Y cada jugador movía sus piezas cuando podía.

El dato que cambia el relato: Castilla ya miraba hacia África

Aquí aparece uno de los puntos más interesantes de las fuentes.

El Tratado de Monteagudo de 1291 repartió las áreas de expansión entre Castilla y Aragón. Castilla quedó vinculada a la zona occidental del norte de África. Un estudio del CESEDEN explica que ambos reinos contemplaban entonces una expansión africana.

Eso demuestra que la relación castellana con el norte de África no comenzó con Melilla en 1497.

Existían proyectos anteriores.

Sin embargo, una cosa es aspirar a conquistar un territorio y otra muy distinta poseerlo.

Ceuta siguió bajo diferentes poderes musulmanes durante buena parte de ese periodo.

Incluso hubo episodios sorprendentes.

En 1309, fuerzas catalano-aragonesas ayudaron al sultán de Fez a arrebatar Ceuta al Reino de Granada. Un estudio académico recoge que los cristianos recibieron incluso autorización para saquear la ciudad como compensación.

La historia, por tanto, vuelve a romper los esquemas.

Los cristianos no siempre luchaban juntos.

Los musulmanes tampoco formaban un bloque único.

Y los intereses políticos pesaban tanto como la religión.

1415: Portugal conquista Ceuta

El gran cambio llegó el 21 de agosto de 1415.

Juan I de Portugal conquistó Ceuta con una expedición en la que participaron sus hijos. La documentación de la Torre do Tombo conserva fuentes relacionadas directamente con aquella conquista.

Desde entonces comenzó la etapa portuguesa.

Y aquí conviene detenerse.

Ceuta no fue conquistada por Castilla.

Fue conquistada por Portugal.

La ciudad permaneció vinculada a la Corona portuguesa durante más de siglo y medio.

Ese dato coincide con la síntesis de la Crónica de los Reyes Católicos. El documento identifica Ceuta como portuguesa durante la época narrada por Mosén Diego de Valera.

Pero los castellanos también podían ayudar a los portugueses

Aquí encontramos uno de los episodios que mejor demuestra la complejidad del periodo.

Las relaciones entre Castilla y Portugal no fueron siempre de guerra abierta.

Hubo momentos de enfrentamiento por el control marítimo. También existieron contactos y episodios de cooperación frente a fuerzas musulmanas.

El caso de 1309 resulta especialmente revelador. Fuerzas de la Corona de Aragón colaboraron con el poder musulmán de Fez para recuperar Ceuta frente a Granada.

En otras palabras, las alianzas no seguían una línea religiosa sencilla.

Más adelante, durante la etapa portuguesa de Ceuta, Castilla también mantuvo contactos con la plaza.

El portal PARES conserva documentación que demuestra esas relaciones. Entre ellas aparecen documentos relacionados con personas, cautivos y asuntos vinculados a Ceuta.

Por eso conviene evitar una frase demasiado cómoda: «cristianos contra musulmanes».

La realidad era bastante más complicada.

Podías combatir a un cristiano portugués, negociar con él y, en otro momento, coincidir frente a un enemigo musulmán.

La política medieval tenía esa costumbre tan poco moderna de no respetar los eslóganes.

Valera cuenta una Ceuta portuguesa

La Crónica de los Reyes Católicos aporta aquí una pieza fundamental.

En el siglo XV, Ceuta aparece como una plaza portuguesa. Los musulmanes intentaban recuperarla por tierra. Los castellanos, durante la guerra contra Portugal, atacaban las rutas marítimas portuguesas.

El relato describe incluso la penuria que sufría la ciudad cuando las naves castellanas interceptaban los barcos portugueses que llevaban suministros.

Esto parece contradecir la idea de una colaboración cristiana.

Pero no necesariamente.

Son momentos y conflictos distintos.

Precisamente por eso una crónica no puede leerse sin fechas.

Alcáçovas pone un límite a las pretensiones castellanas

La Guerra de Sucesión Castellana enfrentó a Isabel y Fernando con Alfonso V de Portugal.

Ceuta estaba en el tablero.

Sin embargo, el desenlace resulta muy significativo.

El Tratado de Alcáçovas de 1479 reconoció la posición portuguesa sobre Ceuta. La síntesis documental que aportaste señala expresamente que los Reyes Católicos renunciaron a cualquier pretensión sobre la ciudad.

Por tanto, hacia 1479 la respuesta es clara.

Ceuta no era castellana. Era portuguesa.

Y esa situación no resulta de una interpretación moderna. Forma parte del marco diplomático de la época.

¿Qué dice entonces la crónica de Lope García de Salazar?

Aquí entramos en un terreno diferente.

Un fragmento de "Istoria de las bienandanzas e fortunas" sitúa a Ceuta en el relato de la época del rey don Rodrigo.

El texto atribuye al conde don Illán (conde don Illán d'Esparteña, que agora se llama La Mancha -dice la crónica-)la posesión de Ceuta y Tánger. También relaciona su actuación con la llegada de las fuerzas musulmanas a la península.

El pasaje resulta valioso como testimonio de una tradición histórica medieval.

Pero no debemos cometer un error.

Una crónica que relata una tradición sobre la Ceuta visigoda no demuestra una continuidad jurídica de soberanía castellana sobre la ciudad. Así como ninguna otra crónica (no somos muy de crónicas, pero es lo que más hemos encontrado... aunque antiquísimas, eso sí).

Además, el relato de don Illán y la Cava pertenece a una tradición cargada de elementos legendarios.

Sirve para estudiar cómo se construyó la memoria medieval.

No sirve, por sí solo, para convertir aquella memoria en un título jurídico de propiedad territorial.

Y aquí aparece una diferencia fundamental entre historia y reivindicación política.

1580: la historia cambia de dueño sin una nueva conquista

Llegamos ahora a la fecha que explica la actual vinculación española.

En 1580, Felipe II incorporó Portugal a la Monarquía Hispánica tras la crisis sucesoria portuguesa.

Ceuta pasó entonces a depender del mismo monarca que gobernaba los territorios hispánicos.

La síntesis de las crónicas recoge esta transformación.

No hubo una conquista española de Ceuta en 1580. Hubo una unión dinástica. Ese matiz resulta esencial.

1640: Portugal se separa, pero Ceuta no lo sigue

En 1640 comenzó la Restauración portuguesa.

Portugal volvió a separarse de la Monarquía Hispánica.

Ceuta, sin embargo, permaneció bajo Felipe IV.

Según varias fuentes señalan que las autoridades, el clero y los ciudadanos de la ciudad decidieron mantenerse fieles al monarca hispánico.

Este episodio explica una parte importante de la identidad histórica posterior de Ceuta.

No fue una reconquista militar española contra Portugal.

Fue una decisión tomada en el contexto de la ruptura de las dos coronas.

1668: llega el reconocimiento jurídico

Aquí desaparece buena parte de la ambigüedad.

El Tratado de Lisboa de 1668 puso fin formalmente al conflicto entre Portugal y España.

El Archivo Nacional de la Torre do Tombo conserva la documentación y explica que el tratado dejó expresamente Ceuta en poder de España.

PARES también conserva la serie documental correspondiente al Tratado de Lisboa entre España y Portugal.

Por tanto, la secuencia resulta muy clara:

1415: Portugal conquista Ceuta.

1479: Castilla reconoce la posición portuguesa.

1580: Ceuta entra en la Monarquía Hispánica con Portugal.

1640: Portugal recupera su independencia, pero Ceuta permanece con Felipe IV.

1668: Portugal reconoce jurídicamente que Ceuta queda en poder de España.

Aquí está la respuesta documental.

Entonces, ¿qué pasa con Marruecos?

La reclamación marroquí pertenece a una etapa mucho más reciente.

Marruecos comenzó a reivindicar Ceuta y Melilla después de su independencia en el siglo XX.

Eso no significa que no existieran vínculos históricos entre Ceuta y el norte de África. Los hubo durante siglos.

Pero una cosa es la proximidad geográfica, cultural o histórica: y otra cosa es la soberanía política.

El Marruecos contemporáneo no existía como Estado moderno cuando Portugal conquistó Ceuta en 1415.

Tampoco existía el actual Reino de Marruecos cuando Ceuta pasó de la Monarquía Hispánica a la soberanía española consolidada en 1668.

Eso no resuelve por sí solo cualquier debate político contemporáneo. Pero sí coloca cada argumento en su momento histórico.

¿Y Melilla?

Aquí vuelve a ser necesario separar las historias.

Melilla entró en la órbita castellana en 1497.

La operación dirigida por Pedro de Estopiñán se produjo décadas después de la conquista portuguesa de Ceuta.

Por tanto, decir simplemente «España conquistó Ceuta y Melilla» elimina una diferencia histórica esencial.

No ocurrió así.

Portugal conquistó Ceuta en 1415.

Castilla ocupó Melilla en 1497.

Dos ciudades. Dos procesos.

Dos fechas.

Y dos historias diferentes.

¿Fue Ceuta siempre española porque estaba vinculada a la península?

No.

Ese argumento tampoco resiste una lectura cronológica.

Ceuta tuvo vínculos intensos con la península durante distintas etapas. Sin embargo, eso no significa que perteneciera políticamente a Castilla.

Valera resulta muy claro en este punto.

Cuando los Reyes Católicos combatían a Portugal, Ceuta era una plaza portuguesa.

La propia existencia de tratados que reconocían esa situación refuerza la conclusión.

Por eso debemos diferenciar tres cosas: influencia, vínculo histórico y soberanía.

No significan lo mismo.

¿Y el argumento de que Ceuta es española desde antes de Marruecos?

Aquí la cuestión necesita todavía más precisión.

Es cierto que la soberanía española sobre Ceuta se consolidó mucho antes de la formación del Marruecos contemporáneo.

Pero tampoco podemos retroceder artificialmente la existencia de España hasta cualquier momento de la Antigüedad.

Los romanos no eran españoles.

Los visigodos tampoco formaban el Reino de España actual.

Y Portugal tampoco era España cuando conquistó Ceuta.

La historia gana precisión cuando dejamos de convertir las identidades actuales en etiquetas aplicables a todos los siglos anteriores.

La historia que sí podemos sostener

Después de contrastar las fuentes, la respuesta puede resumirse sin necesidad de convertirla en propaganda.

Ceuta tiene una historia africana, mediterránea, islámica, portuguesa e hispánica.

Fue una ciudad bajo distintas autoridades antes de 1415.

Portugal la conquistó y la mantuvo durante más de siglo y medio.

Castilla llegó a combatir los intereses portugueses en el Estrecho, pero también existieron momentos de cooperación y relaciones diplomáticas.

La crónica de Valera confirma que Ceuta era portuguesa durante el reinado de los Reyes Católicos.

En 1580 pasó a la Monarquía Hispánica.

En 1640 permaneció con Felipe IV cuando Portugal recuperó su independencia.

Y en 1668 Portugal aceptó formalmente que Ceuta quedara en poder de España.

Conclusión: la verdadera historia es bastante menos cómoda
Entonces, ¿se contradicen las fuentes?

No en lo esencial. Lo que cambia es la pregunta.

Si preguntamos quién tenía Ceuta en tiempos de los Reyes Católicos, la respuesta es Portugal.

Si preguntamos cómo llegó Ceuta a ser española, la respuesta comienza en 1580 y termina jurídicamente con el reconocimiento de 1668.

Si preguntamos si Castilla tuvo intereses africanos antes de Melilla, la respuesta también es sí.

Si preguntamos si castellanos y portugueses siempre fueron enemigos, la respuesta es no.

Y si preguntamos si las antiguas crónicas prueban una soberanía española continua desde la época visigoda, las fuentes analizadas no permiten afirmarlo.

Hay, por tanto, una conclusión bastante sencilla.

Ceuta no fue conquistada por los Reyes Católicos (cosa que tampoco afirma la historiografía oficial pero muchos creen que sí, por esto último insistimos tanto en ello en este artículo). Tampoco nació como ciudad española. Portugal la conquistó en 1415 y la conservó hasta la Unión Ibérica de 1580. Cuando Portugal recuperó su independencia en 1640, Ceuta permaneció con Felipe IV. Finalmente, Portugal reconoció esa situación en el Tratado de Lisboa de 1668.

Lo demás pertenece al debate político, a la memoria (o desmemoria) histórica y a las distintas interpretaciones.

La historia, en cambio, tiene la mala costumbre de conservar las fechas. Y quizá por eso resulta tan difícil hacerla encajar en una consigna.

La contienda sobre Ceuta puede continuar. Eso pertenece al debate, insisto, político.

Pero sobre una cosa las fechas dejan poco margen para la discusión: Ceuta fue portuguesa antes de ser española, y su paso a la soberanía española siguió un proceso histórico concreto, no una conquista castellana a través de las armas.

Conclusión de Conclusiones (semi parafraseando un verso de Calderón de la Barca: Confusión de confusiones... qué también dio título al primer libro escrito, por un español judío, sobre la Bolsa en el siglo XVII):

Si tiráramos del hilo del «quién estuvo antes» para justificar la propiedad de cada pedazo de tierra, no solo Ceuta acabaría en un limbo de reclamaciones infinitas: el mapa del planeta entero saltaría por los aires.

Al más puro estilo de aquella Confusión de confusiones con la que Josseph de la Vega reflejaba en el siglo XVII la volatilidad del mercado bursátil, la historia de las fronteras se parece bastante a un parqué de valores especulativo: dinastías que cotizan al alza, imperios que se van a la quiebra, tratados que reestructuran la deuda y mapas que cambian de manos según sople el viento de los siglos.

La historia no funciona como un registro de la propiedad con un titular perpetuo; es la acumulación de civilizaciones que llegaron, gobernaron, se mezclaron y terminaron por desaparecer. Ceuta no es una anomalía, sino el reflejo a escala perfecta de esa gran ilusión humana: pretender que la geopolítica se congeló justo en el siglo que mejor se ajusta al relato de cada uno.

Pero... a saber. La historia, una vez más, se empeña en ser bastante más complicada que Twitter. Sobre todo si lo complican! Y siempre nos quedaría por despejar la X :)

  • por IA & Señor de Cascales & Ernest Xínoga

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