Los dos episodios registrados los días 15 y 22 de julio han despertado una preocupación lógica sobre la estabilidad del sistema eléctrico español.
En ambas ocasiones, Red Eléctrica recurrió al Servicio de Respuesta Activa de la Demanda para evitar problemas mayores. Este mecanismo obliga a la gran industria a reducir su consumo de forma inmediata cuando la red entra en una situación crítica.
Ante este escenario, muchas personas se preguntan si el eclipse solar total del próximo 12 de agosto podría incrementar el riesgo de un apagón. La respuesta exige analizar los hechos con calma, sin caer en el alarmismo, pero tampoco en la confianza excesiva.
Dos avisos en julio que reducen el margen de seguridad
Los incidentes del 15 y del 22 de julio compartieron un desarrollo muy parecido.
En ambos casos, el viento cayó de manera inesperada durante el atardecer. Al mismo tiempo, el consumo eléctrico aumentó debido al uso intensivo del aire acondicionado durante la ola de calor.
Como consecuencia, la red sufrió una fuerte presión y el operador activó el SRAD para reducir la demanda industrial. Gracias a esa decisión, el suministro doméstico continuó con normalidad y la mayoría de los ciudadanos ni siquiera percibió el problema.
Sin embargo, repetir este procedimiento dos veces en apenas una semana deja una conclusión evidente. El sistema eléctrico dispone de un margen de maniobra más reducido cuando coinciden varios factores adversos. Por ello, el debate sobre la resistencia de la red cobra todavía más importancia.
El eclipse presenta un reto muy diferente
Aunque el eclipse solar también supone una situación de estrés para la red, existen diferencias importantes respecto a los incidentes de julio.
La primera ventaja consiste en que el eclipse no representa una sorpresa. Los ingenieros conocen con absoluta precisión la hora de inicio, el momento de máxima ocultación y el final del fenómeno. Esa previsión permite preparar con antelación todos los recursos necesarios.
Además, el eclipse tendrá lugar entre las 19:30 y las 20:30 horas, cuando la producción fotovoltaica ya comienza a disminuir de forma natural. Por tanto, parte de esa reducción ya forma parte del funcionamiento habitual del sistema.
A ello se suma otro aspecto clave. Antes del fenómeno, el operador puede mantener listas las centrales hidroeléctricas de bombeo y los ciclos combinados de gas para compensar la pérdida temporal de generación solar.
Los riesgos siguen presentes pese a la planificación
La planificación reduce la incertidumbre, aunque no elimina todos los riesgos.
De hecho, el principal desafío no aparece cuando disminuye la producción solar, sino cuando esta vuelve con rapidez al finalizar el eclipse.
Durante apenas unos minutos, miles de megavatios regresarán al sistema. Esa recuperación tan rápida exige un equilibrio muy preciso para evitar sobrecargas en determinados puntos de la red.
Además, el contexto actual añade un elemento de preocupación. Los dos episodios de julio muestran que el sistema llega al verano con una capacidad de respuesta más ajustada frente a situaciones de tensión. Si coincidiera cualquier incidencia adicional durante el eclipse, el margen operativo sería mucho menor.
También influye la creciente presencia de energías renovables. Un sistema con menor inercia responde con más dificultad a cambios bruscos de frecuencia, por lo que la gestión técnica resulta todavía más exigente.
¿Cuál es la probabilidad real de un apagón?
Los datos técnicos invitan a mantener una visión equilibrada. En condiciones normales, la posibilidad de que un eclipse provoque un apagón resulta inferior al 0,1 %. No obstante, el contexto actual obliga a revisar esa estimación.
Después de los dos incidentes registrados en julio y con unos márgenes de seguridad más limitados, los modelos de riesgo operativo sitúan la probabilidad de incidencias entre el 1 % y el 3 %. Aunque sigue siendo una posibilidad reducida, ya no puede considerarse un escenario completamente despreciable.
Un examen importante para el sistema eléctrico español
No existen datos científicos que respalden la idea de un apagón general provocado únicamente por el eclipse del 12 de agosto. Además, los organismos europeos llevan años preparando protocolos específicos para gestionar este tipo de acontecimientos.
Aun así, tampoco conviene minimizar lo ocurrido durante julio. Los dos avisos recientes reflejan que la red eléctrica ha funcionado con un margen de seguridad más estrecho del deseable.
Por ese motivo, el eclipse representará una prueba de gran importancia. Más que provocar un apagón por sí mismo, permitirá comprobar si el sistema eléctrico español puede gestionar con eficacia una red cada vez más apoyada en las energías renovables o si seguirá necesitando recurrir a medidas extraordinarias, como la desconexión temporal de grandes consumidores industriales, cuando coincidan varios factores de estrés.
· Redacción de EuroPost
