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Se junta la Pandemia con las ganas de comer: coctel letal... ¡hambre!

Millones de personas en situación de pobreza antes de la pandemia corren el riego de caer en la hambruna, advierte un estudio de la ONU. Problemas estructurales subyacentes como la enorme desigualdad económica hacen de América Latina una de las regiones más vulnerables, precisa ONG suiza.

“Una verdadera paradoja ya que este flagelo se da en un mundo que cuenta con alimentos suficientes para sus 7 800 millones de habitantes”, subraya Melik Özden, director del Centro Europa -Tercer Mundo (CETIM), con sede en Ginebra.

Más de 820 millones de personas no cuentan con suficiente comida, de acuerdo con la ONU, mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) puntualiza que, antes de la pandemia, 135 millones vivían en situación de “hambre aguda” y otras 183 millones “corren el riesgo de caer en hambre extrema si se enfrentan a algún factor de estrés adicional”.

Desde hace dos décadas, CETIM trabaja sistemáticamente la problemática del hambre y el mundo rural. Esta ONG suiza, fundada en 1970 cuenta con el estatuto de observadora ante la ONU. En 2018, junto con otras organizaciones, logró que el Consejo de Derechos Humanos aprobara una Declaración de Derechos de los Campesinos, luego de una década de preparación y cabildeo. El 17 de diciembre del mismo año la Declaración fue ratificada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Flagelo sobre flagelo

Actualmente hay más de 1 200 millones de campesinos en el mundo. Junto con sus familias representan un tercio de la población mundial, y amplios de sus sectores fueron afectados por la actual pandemia. El impacto de la COVID-19 se suma así a desajustes estructurales, tales como mala distribución de ingresos, concentración de tierras, polarización económica y social, regiones geográficas enteras condenadas a la marginalidad.

Además, amenaza con hacer caer en la pobreza extrema a 49 millones de personas más en los próximos meses, explica el también responsable del programa de derechos humanos del CETIM.

“En síntesis, demuestra la inconsistencia del sistema alimentario a nivel mundial, que se basa esencialmente en una producción industrial y artificial que destruye el medio ambiente”, declara a swissinfo.ch.
¿Soluciones posibles?

Melik Özden, positivo, recuerda los puntos esenciales de la Declaración del 2018: que los campesinos y campesinas dispongan de tierras aptas para el trabajo; que puedan utilizar sus propias semillas -y no las impuestas por los monopolios del agrocomercio-; que accedan a la venta de sus productos obteniendo precios justos y participando en la toma de decisiones.

En suma, es esencial “enfatizar el rol de la agricultura de proximidad, que produzca alimentos sanos en primer lugar para la propia comunidad, y que dicha producción se realice con respeto del medio ambiente”.

En su artículo 15.4, la Declaración “reconoce el derecho a la soberanía alimentaria”, enfatiza el director de la ONG y recuerda, por otra parte, que los sistemas actuales de producción de alimentos son responsables del 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero y afectan seriamente la biodiversidad.
Vulnerabilidad al hambre

Según el Programa Alimentario Mundial (PAM), este agravamiento de la situación en América Latina y el Caribe, puede significar que 15 millones de personas entren en la categoría de “vulnerables al hambre”.

Si en el 2019, las estadísticas contabilizaban en el continente 3,4 millones de personas en esa situación, la COVID-19 desbarrancaría a 10 millones más, concentrados especialmente en 11 países de la región, incluidos pequeños Estados insulares caribeños.

Las proyecciones incluyen, como principales afectados, a Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Perú, República Dominicana y algunas islas. Según el mismo estudio, particularmente golpeado sería Haití cuyo número de personas con inseguridad alimentaria severa podría pasar de 700 mil a 1,6 millones.

Asolaría también a los pobladores del Corredor Seco de América Central, duplicando casi la cifra de víctimas del hambre extrema -de 1,6 millones a 3 millones. Quedan fuera del estudio del PAM países como Brasil, México y Venezuela. En los pronósticos, imposible también anticipar las eventuales repercusiones de la temporada de huracanes en el Caribe que, normalmente, comienzan en junio de cada año.

Todo esto con el trasfondo de un pronóstico nada alentador. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta una contracción regional promedio de -5,3% para el 2020. Con base en estos datos, en diversos análisis de indicadores económicos y en los resultados de encuestas remotas completadas en 2020 -para evaluar el impacto de la pandemia en el acceso a los mercados, alimentos, seguridad y medios de vida-, el PAM habla ya de inseguridad alimentaria para 15 millones de seres humanos.

El impacto de la contracción es automático. Según cálculos de expertos de la ONU, cada punto porcentual de disminución del Producto Interno Bruto equivale a 700 mil niñas y niños con problemas de retraso en su crecimiento.

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