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Bicicletas para el verano; y, ahora por el COVID-19, las prostitutas para septiembre

La apertura de Europa a la normalidad es y será a medias, sin pantys -diría el chiste fácil. Un aplazamiento a septiembre de cierta actividad requiere de tales medidas... después del caluroso verano.

ÁMSTERDAM — Las luces escarlatas seguían encendidas sobre los escaparates de De Wallen, el principal barrio rojo de Ámsterdam, pero los escaparates estaban vacíos.
Las calles que están a un lado de los canales, casi siempre atestadas de turistas, se encontraban desiertas.


Los burdeles y el museo de la prostitución estaban cerrados hasta nuevo aviso.

“Prohibido tomar fotografías de las trabajadoras sexuales”, decían los rótulos colocados encima de los escaparates de los burdeles. “Multa: 95 euros”.

Pero en los escaparates no había trabajadoras sexuales que fotografiar, ni tampoco turistas que las retrataran.

Países Bajos está reanudando sus actividades. Desde el 11 de mayo han vuelto a trabajar estilistas, instructores de manejo y cosmetólogos, sin tener que usar mascarilla. Los restaurantes volvieron a abrir las áreas al aire libre a principios de este mes. Se tiene programado que los gimnasios y saunas vuelvan a funcionar a principios de julio.

En De Wallen, está abierta una cerrajería, así como unos cuantos bares (vacíos por lo general) y las tiendas que venden juguetes sexuales, látigos, esposas y uno que otro vestido de látex.

No obstante, se les ha pedido a las trabajadoras sexuales que esperen hasta septiembre, lo cual hace que la zona esté vacía y empuja a muchas de ellas a la pobreza, o a volver a trabajar en secreto.

Charlotte de Vries, el nombre profesional de una acompañante que trabaja en Ámsterdam, atendía hasta siete clientes por semana. Pero la semana que comenzó la cuarentena, los siete le cancelaron, lo que le costó de inmediato cerca de 1500 dólares.

“Y después de eso dejé de contar”, dijo De Vries, sentada en una mesa en el límite del barrio rojo. “Pensé que no quería saberlo”.

Cuando hablaba, repiqueteaban las campanas de la iglesia más antigua de Ámsterdam, al otro lado de la calle. Dijo que como la zona estaba desierta, ahora sí se podían escuchar los sonidos del vecindario.

Por el momento, De Vries puede recurrir a sus ahorros. Pero muchas de sus colegas no tienen esa posibilidad. Más de 400 han buscado la ayuda de un nuevo fondo de emergencia recaudado por voluntarios, el cual ofrece unos 45 dólares de ayuda a los solicitantes más necesitados.

Esa iniciativa dista mucho de ser suficiente. De Vries dice que conoce a siete trabajadoras sexuales que se han visto obligadas a trabajar en secreto solo para pagar la renta. Rosie Heart, que es el nombre profesional de otra trabajadora sexual neerlandesa, dijo que conocía al menos a diez en esta situación.

“En verdad es desastroso”, dijo Heart, quien normalmente ofrece servicios de compañía en Ámsterdam y Londres, además de trabajar como representante de Proud, un sindicato de trabajadoras sexuales neerlandesas.

Trabajar en secreto de esta manera las vuelve especialmente vulnerables porque corren más riesgos con los clientes agresivos.

Antes de la crisis del coronavirus, si un cliente se ponía violento, “acudíamos a la policía”, dijo De Vries. “Pero ahora no podemos, porque lo que hacemos es ilegal”.

En eso, pasó un vecino que la saludó con una inclinación de la cabeza. Una de las pocas cosas buenas de la crisis ha sido la oportunidad de conocer mejor a los residentes de la zona, dijo De Vries.

Las dificultades que enfrentan las trabajadoras sexuales neerlandesas se deben a las desigualdades en el apoyo gubernamental. Al igual que muchos gobiernos, al principio de la crisis las autoridades neerlandesas crearon flujos de ingresos de emergencia para las personas que de pronto se quedaron sin trabajo.

Pero en la práctica, muchas de las trabajadoras sexuales no reúnen los requisitos para obtener los nuevos subsidios por la forma en que estaban registradas ante las autoridades tributarias antes de la crisis. O tienen demasiado miedo de solicitarlos.

Pese a que la prostitución es legal en los Países Bajos, muchas trabajadoras sexuales prefieren no declarar su profesión ante las autoridades gubernamentales porque ese oficio todavía conlleva un estigma social, o porque trabajan sin tener todas las licencias que se necesitan para cumplir totalmente con la ley.

En una encuesta a 108 trabajadoras sexuales de los Países Bajos realizada por SekswerkExpertise, un grupo de investigación en Ámsterdam, el 56 por ciento de las encuestadas afirmaron haber solicitado apoyo por el coronavirus. De esas solicitantes, solo el 13 por ciento dijo que había recibido ayuda.

De las que no solicitaron, casi una de cada tres dijo que ya sabía que no cumplía con los requisitos y una de cada seis dijo que le preocupaba declararse trabajadora sexual ante las instituciones de gobierno, porque se podría revelar su identidad.

Además, las trabajadoras sexuales migrantes que trabajan sin permiso no pueden ni siquiera pensar en solicitar la ayuda.

Heart fue una de las pocas solicitantes que tuvo éxito y ha recibido 1500 dólares al mes desde marzo, a duras penas la mitad de lo que ganaba normalmente.

Pero dijo que dejará de solicitar ayuda a partir de julio porque, para ese entonces, es probable que las trabajadoras sexuales sean las únicas personas sin trabajo por motivos directamente relacionados con las restricciones por el coronavirus.

Teme que eso la delate como trabajadora sexual y que muy posiblemente haga que los funcionarios locales la desalojen de su casa por suponer —de manera errónea— que usa su apartamento como un burdel sin licencia.

“En un momento podría estar solicitando la ayuda del gobierno”, dijo Heart. “Y al siguiente podría estar peleando para seguir en mi casa”.

Algunas trabajadoras sexuales desempleadas han recurrido a internet para intentar ganarse la vida con espectáculos de sexo en línea. Diez asistieron a una reciente sesión de capacitación en línea del Centro de Información de Prostitución, una organización sin fines de lucro que brinda apoyo a las trabajadoras sexuales y organiza visitas guiadas por De Wallen para los turistas.

Pero construir una base de clientes suscritos puede demorar meses, y hay costos sustanciales para establecer un negocio en internet. El trabajo sexual en línea necesita una buena cámara, un micrófono, una conexión a internet estable, y un espacio privado donde se pueda operar sin interrupciones.

Una nueva afluencia de profesionales del sexo en internet también podría dificultarles la vida a quienes ya están en el negocio en línea. “Hay aún más competencia, por lo que es más complicado”, dijo Heart.

Las trabajadoras sexuales dijeron que no entienden por qué no les permiten regresar a trabajar al menos de manera parcial en julio, junto con los gimnasios y los saunas. Su trabajo no tiene que incluir besos, y gran parte de ese trabajo, incluso antes de la crisis del coronavirus, no incluía coito ni contacto cara a cara.

Ahora los estilistas pueden volver a atender a sus clientes “y ponerse frente a su rostro para cortarles el fleco”, dijio Heart. Así que se preguntaba por qué no se les permitía a ellas realizar actos sexuales que no llegaran al coito.

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