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"El COVID-19 causa hipoxia silenciosa”, que es lo que mata. ¿Cómo se detecta para prevenir?

Podemos hacerlo mejor. En este momento, muchas salas de urgencias se están viendo rebasadas por esta enfermedad o están esperando a que llegue. Debemos dirigir los recursos para identificar y tratar la fase inicial de la neumonía por COVID-19 antes, mediante la detección de la hipoxia silenciosa.

Es hora de adelantarse a este virus en lugar de perseguirlo.


Leamos el siguiente testimonio de un médico, en primera fila de urgencias, con más de 30 años de experiencia en salud respiratoria...

He sido médico de urgencias durante treinta años. En 1994, inventé un sistema de imágenes para enseñar a intubar, el procedimiento de insertar tubos de respiración. Esto me llevó a realizar investigaciones sobre este procedimiento y posteriormente a impartir cursos de procedimientos de manejo de las vías respiratorias a médicos en todo el mundo durante las dos últimas décadas.

Así que, a finales de marzo, cuando los pacientes de COVID-19 comenzaron a saturar los hospitales de la ciudad de Nueva York, me ofrecí como voluntario para pasar diez días en Bellevue y ayudar en el hospital donde me formé. Durante esos días, me di cuenta de que no estamos detectando la neumonía mortal que causa el virus con la antelación suficiente y que podríamos estar haciendo más para no tener que conectar a los pacientes a los respiradores artificiales… y para mantenerlos con vida.

En el largo viaje a Nueva York desde mi casa en Nuevo Hampshire, llamé a mi amigo Nick Caputo, un médico de urgencias en el Bronx, que ya estaba metido en el asunto. Quería saber a qué me enfrentaba, cómo mantenerme a salvo y qué sabía él del manejo de las vías respiratorias con esta enfermedad. “Rich”, me dijo, “no se parece a nada que haya visto antes”.


Tenía razón. La neumonía causada por el coronavirus ha tenido un impacto impresionante en el sistema hospitalario de la ciudad. Normalmente en una sala de emergencias hay una mezcla de pacientes con condiciones que van desde las graves, como ataques cardiacos, accidentes cerebrovasculares y lesiones traumáticas, hasta las que no ponen en peligro la vida, como laceraciones menores, intoxicaciones, lesiones ortopédicas y migrañas.

Sin embargo, durante mi reciente estancia en el Hospital Bellevue, casi todos los pacientes de urgencias tenían neumonía por COVID-19. En la primera hora de mi primer turno, intubé a dos pacientes.

Incluso los pacientes sin problemas respiratorios tenían neumonía por COVID-19. El paciente apuñalado en el hombro, al que le tomamos radiografías porque nos preocupaba que tuviera un colapso pulmonar, de hecho, tenía neumonía por COVID-19. Los pacientes a los que les sacamos tomografías porque se habían lesionado en caídas también presentaron neumonía por COVID-19. También hallamos que los pacientes ancianos que se habían desmayado por razones desconocidas y varios pacientes diabéticos tenían este tipo de neumonía.

Apenas estamos empezando a entender por qué esto es así. El coronavirus ataca a las células pulmonares que producen surfactantes. Esta sustancia ayuda a mantener los alvéolos abiertos entre las respiraciones y es fundamental para la función pulmonar normal. Cuando comienza la inflamación de la neumonía por COVID-19, esta provoca que los alvéolos se colapsen y que los niveles de oxígeno caigan. Sin embargo, los pulmones inicialmente siguen “respondiendo”, todavía no están rígidos ni llenos de líquido. Esto significa que los pacientes todavía pueden expulsar dióxido de carbono y dado que el dióxido de carbono no se acumula, los pacientes no sienten que les falta el aire.

Los pacientes compensan el bajo nivel de oxígeno en su sangre respirando más rápida y profundamente, lo cual sucede sin que se den cuenta. Esta hipoxia silenciosa, y la respuesta fisiológica del paciente a la misma, causa aún más inflamación y el colapso de más alvéolos, y la neumonía empeora hasta que los niveles de oxígeno se desploman. De hecho, el paciente se lesiona los pulmones al respirar cada vez más fuerte. El 20 por ciento de los pacientes con neumonía por COVID-19 pasa a una segunda fase más mortal de lesión pulmonar. El líquido se acumula y los pulmones se vuelven rígidos, el dióxido de carbono se eleva y los pacientes desarrollan un fallo respiratorio agudo.

Para cuando es evidente que los pacientes tienen problemas para respirar y llegan al hospital con niveles de oxígeno peligrosamente bajos, muchos acabarán conectados a un respirador.

La hipoxia silenciosa que avanza rápidamente para convertirse en un fallo respiratorio explica los casos de pacientes de COVID-19 que mueren repentinamente después de no sentir falta de aliento (parece que la mayoría de los pacientes de COVID-19 experimentan síntomas relativamente leves y superan la enfermedad en una o dos semanas sin tratamiento).

Una de las principales razones por las que esta pandemia está poniendo a prueba nuestro sistema de salud es la alarmante gravedad de las lesiones pulmonares que tienen los pacientes cuando llegan a las salas de emergencia. Casi en todos los casos, la COVID-19 mata a través de los pulmones. Y debido a que muchos pacientes no van al hospital hasta que su neumonía ya está muy avanzada, muchos acaban necesitando respiradores artificiales, motivo por el cual esos equipos escasean. Y una vez que están conectados a los respiradores, muchos mueren.

Evitar el uso de un respirador es una gran victoria tanto para el paciente como para el sistema de salud. Los recursos que necesitan los pacientes con respiradores son abrumadores. Los pacientes con respirador requieren varios tipos de sedantes para que no lo rechacen o que por accidente expulsen los tubos de respiración; necesitan sondas intravenosas y arteriales, medicamentos intravenosos y bombas de infusión intravenosa. Además de un tubo en la tráquea, tienen tubos en el estómago y la vejiga. Se necesita todo un equipo de personas para mover a cada paciente, para girarlo sobre su estómago y luego sobre su espalda, dos veces al día para mejorar la función pulmonar.

Hay una forma de identificar más pacientes que tienen neumonía por COVID-19 más pronto y tratarlos con más eficacia, y no requeriría esperar a una prueba de coronavirus en un hospital o consultorio. Se necesita la detección temprana de la hipoxia silenciosa a través de un dispositivo médico común que se puede comprar sin receta en la mayoría de las farmacias: un oxímetro de pulso o pulsioxímetro, aunque más frecuentemente se le llama solo oxímetro.

El oxímetro es igual de sencillo de usar que un termómetro. Estos pequeños dispositivos se encienden con un botón y se colocan en la punta de un dedo. En unos segundos, muestran dos números: la saturación de oxígeno y la frecuencia del pulso. Los oxímetros son extremadamente confiables para detectar problemas de oxigenación y frecuencias cardiacas elevadas.

Este dispositivo ayudó a salvar la vida de dos médicos de urgencias que conozco, pues les alertó con tiempo sobre la necesidad de tratamiento. Cuando notaron que sus niveles de oxígeno disminuían, ambos fueron al hospital y se recuperaron (aunque uno esperó más tiempo y requirió más tratamiento). La detección de la hipoxia, el tratamiento temprano y el monitoreo constante aparentemente también funcionaron para Boris Johnson, el primer ministro británico.

La detección generalizada de la neumonía por COVID-19 mediante el oxímetro (ya sea que las personas se revisen con dispositivos caseros o vayan a clínicas o a consultorios médicos) podría ser un sistema de alerta temprana para los tipos de problemas respiratorios asociados con la neumonía por COVID-19.

Es mejor que quienes utilicen los dispositivos en casa consulten a sus médicos para reducir la cantidad de personas que acuden a la sala de urgencias innecesariamente debido a que leyeron mal su dispositivo. También puede haber algunos pacientes que tengan problemas pulmonares crónicos no reconocidos y que presenten una saturación de oxígeno limítrofe o ligeramente baja que no esté relacionada con la COVID-19.

Todos los pacientes que hayan dado positivo en las pruebas de coronavirus deben vigilar sus niveles de oxígeno con ayuda de un oxímetro durante dos semanas, el período durante el cual comúnmente se desarrolla la neumonía por COVID-19. Todas las personas con tos, fatiga y fiebres también deben monitorear sus niveles de oxígeno mediante el oxímetro, aunque no se hayan sometido a pruebas del virus, o incluso si su prueba de hisopado fue negativa, porque esas pruebas solo tienen una precisión del 70 por ciento. La gran mayoría de los estadounidenses que han estado expuestos al virus no lo saben.

Hay otras cosas que también podemos hacer para evitar recurrir de inmediato a la intubación y a un respirador. Las maniobras de posicionamiento del paciente (hacer que los pacientes se acuesten boca abajo y de lado) abren las zonas pulmonares anteriores y posteriores más afectadas en la neumonía por COVID-19. La oxigenación y el posicionamiento ayudaron a los pacientes a respirar más fácilmente y, al parecer, lograron prevenir la progresión de la enfermedad en muchos casos. En un estudio preliminar de Caputo, esta estrategia ayudó a evitar que tres de cada cuatro pacientes con neumonía avanzada por COVID-19 necesitaran un respirador en las primeras 24 horas.

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