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Anarquía médica ante el Coronavirus. Las cifras marcan la falta de consenso y el desconocimiento

Las cifras marcan la falta de consenso y el desconocimiento a lo que se enfrentaba la comunidad sanitaria. El coronavirus (COVID-19) el gran revés: ¿improvisación o adaptación médica?

Léanse los siguientes testimonios:

Algunas prácticas médicas que habían sido incuestionables antes de la COVID-19 —como cuándo es ideal usar respiradores— han desaparecido de un día para otro.


Hace casi un mes, personas enfermas con el nuevo coronavirus comenzaba a llegar sin parar a los hospitales del área metropolitana de Nueva York, que se convertiría en el epicentro de la pandemia en Estados Unidos.

Ahora, los médicos de la región han comenzado a compartir entre ellos cómo ha sido reestructurar, sobre la marcha, sus sistemas de atención médica, su práctica profesional y sus vidas personales.

Doctores, si pudieran regresar en el tiempo, ¿qué se dirían a ustedes mismos a principios de marzo?

“Lo que creíamos que sabíamos, no lo sabemos”, dijo Nile Cemalovic, médico de cuidados intensivos del Centro Médico Lincoln en el Bronx.

La medicina se transforma de manera rutinaria, de generación en generación. Para la enfermedad que impulsa esta pandemia, ciertas prácticas consolidadas de emergencia médica han desaparecido casi de la noche a la mañana.

El cambio más grande: en lugar de sedar rápidamente a las personas que tenían niveles muy bajos de oxígeno para después ponerles respiradores mecánicos, muchos médicos ahora mantienen conscientes a los pacientes, les piden que se pongan de lado en la cama, que se reclinen en sillas y respiren por sí mismos —con oxígeno adicional— durante el mayor tiempo posible.

La idea es evitar que estén acostados y, por lo tanto, permitir que haya más espacio para los pulmones. Algunos médicos incluso les piden a los pacientes que se recuesten en colchones especiales de masaje diseñados para mujeres embarazadas, porque tienen espacios que alivian la carga del estómago y el pecho.

Otros doctores reajustan las máquinas de respiración CPAP —normalmente utilizadas para ayudar a las personas con apnea del sueño— o han combinado válvulas y filtros. Para algunos pacientes enfermos de gravedad, un respirador quizá sea la única esperanza real.

También está el espacio necesario dentro de los edificios y la mente de las personas. En un instante, cada vez más vestíbulos y cafeterías se convirtieron en alas hospitalarias; la tecnología de telemedicina rara vez utilizada se ha disparado repentinamente, y los médicos sostienen conferencias virtuales al lado de las camas de los pacientes con familiares que se encuentran en otros lugares; los médicos se obligan a separarse física y emocionalmente de los campos de batalla donde el oponente, el coronavirus, nunca hace un alto al fuego, como sí lo ha hecho el resto de la sociedad.

Más de 12.000 personas han muerto a causa del coronavirus en Connecticut, Nueva Jersey y Nueva York, donde hay más de 260.000 casos confirmados. Casi con seguridad, esas cifras subestiman las muertes, reconocen los funcionarios, pues las pruebas realizadas a las personas vivas y muertas siguen siendo irregulares.

Los médicos de la zona de Nueva York no han descubierto ninguna manera infalible de combatir la COVID-19 —la enfermedad causada por el virus— y no ha pasado suficiente tiempo para saber si sus improvisaciones son eficaces, dijo Anand Swaminathan, profesor clínico adjunto de medicina de emergencias del Centro Médico de la Universidad de San José en Paterson, Nueva Jersey.

Nadie sabe si alguna de estas medidas servirá de algo.

“Estoy seguro de que tendremos muchas respuestas en meses”, dijo Reuben Strayer, médico de urgencias del Centro Médico Maimonides en Brooklyn. “Desafortunadamente, eso no nos ayuda en este momento. Se debe empezar en alguna parte”.
Espacio para respirar

“Jamás había tenido que pedirle a un paciente que dejara de usar su celular porque era hora de ponerle un tubo respiratorio”, dijo el doctor Richard Levitan, quien hace poco pasó diez días en el Centro Hospitalario Bellevue en Manhattan.

¿Por qué es tan extraño? La gente que necesita tubos respiratorios, que se conectan a ventiladores mecánicos que ayudan o se encargan de la respiración, rara vez está en forma para hablar por teléfono porque el nivel de oxígeno en su sangre ha disminuido drásticamente.

Si están conscientes, con frecuencia se muestran incoherentes y están a punto de ser sedados para que no se atraganten con los tubos. Es una medida drástica.

Sin embargo, muchos pacientes con la COVID-19 siguen alertas, incluso cuando su oxígeno ha disminuido drásticamente, por motivos que los trabajadores médicos solo pueden suponer. (Otra señal importante de qué tan enfermos de la COVID-19 están los pacientes —la presencia de marcadores inflamatorios en la sangre— no está disponible para los médicos sino hasta que se realiza el trabajo de laboratorio).

Algunos pacientes han regresado a los niveles normales simplemente al tomar oxígeno y acostarse de lado o boca abajo. Esa táctica se llama pronación (extenderse bocabajo).

(…)

En el Hospital Lincoln, en el Bronx, Nicholas Caputo dio seguimiento a 50 pacientes que llegaron con niveles de oxígeno de entre 69 y 85 por ciento (el nivel normal es de 95 por ciento). Después de cinco minutos de pronación, habían mejorado para alcanzar un promedio de un 94 por ciento. A lo largo de las siguientes 24 horas, casi tres cuartos de los pacientes pudieron evitar la intubación; trece necesitaron respiradores. Algunos médicos dijeron que extenderse boca abajo no parece funcionar tan bien con los pacientes mayores.

Nadie sabe aún si este será un remedio duradero, dijo Caputo, pero si pudiera regresar a principios de marzo, esto se aconsejaría a sí mismo y a otros: “No opten de inmediato por la intubación”.

El número total de personas que son intubadas está llegando a 21 al día, en comparación con las 300 de finales de marzo. La necesidad de respiradores mecánicos, aunque aún es urgente, ha sido menor de lo que la comunidad médica esperaba hace un mes.

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Una vez leído el texto en cursiva, parece que hayamos asistido a un relato de 'horror'. Cosas de las catástrofes inesperadas -y no por menos naturales-, suponemos. Todo acorde, tristemente.

Nota: Esperemos que la actuación en España haya sido más 'definida' en cuánto a protocolo se refiere para acometer esta terrible pandemia, soluciones consensuadas o no... eficaces, sea como fuere, al fin al cabo. Pero por los resultados, cifras (más de 20.000 muertos), nos parecemos más a EE.UU. que a Alemania, Suiza, Noruega (y mira que hace frío allí) y mucho menos a Islandia. No seremos nosotros los que cuestiones el proceder de cada cual, y menos de la tan alta profesionalidad de la sanidad española blandida hasta ahora o no hace tanto... incluyendo a sus altos gestores: porque tal fruto debe ser éxito de equipo más que de hechos individuales, por mucho buen sanitario haya. Aplausos diarios a las 20 hora española en el balcón más cercano.

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