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Segunda Guerra Mundial: neutralidad suiza y oro nazi

Mark Pieth, experto suizo en temas de anticorrupción ha publicado recientemente una obra titulada Lavado de oro: los secretos sucios del comercio del oro y cómo limpiarlo, que desvela los agentes clave de la industria del oro y aborda, entre otras cosas, los riesgos vinculados a la extracción en gran escala en lugar de la artesanal y las deficiencias de las distintas normativas internacionales y de los sistemas de certificación.

¿Cómo se ha llegado a esto? En una entrevista concedida a swissinfo.ch Pieth explicaba la historia de cómo Suiza ha llegado a ser el corazón de un comercio altamente rentable pero opaco. Estos son algunos de los momentos históricos más importantes de la historia del oro suizo, según Mark Pieth.
Segunda Guerra Mundial: neutralidad suiza y oro nazi

Estos son algunos de los momentos históricos más importantes de la historia del oro suizo, según Mark Pieth.

Pieth afirma que Suiza se benefició de su neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial al comprar grandes cantidades de oro a las potencias del Eje y a los aliados. Cambió el metal precioso por francos suizos, la única moneda convertible libre en aquel momento además del dólar estadounidense.

Este comercio benefició a Alemania en particular, convirtiendo a Suiza en un facilitador efectivo del esfuerzo de guerra germano. Los suizos adquirieron el 79% de todo el oro que Alemania entregó a países extranjeros, del que el 90% terminó en el Banco Nacional Suizo y el resto, en bancos comerciales. Se cree que los bancos suizos compraron oro nazi por valor de 1 700 millones de francos suizos, incluyendo el oro que Alemania saqueó de las reservas de los países conquistados, sobre todo Austria, Bélgica, Países Bajos y Noruega. Parte de este oro fue confiscado a personas particulares o retirado de las víctimas de los campos de concentración.
Una vez terminada la guerra la pregunta crucial era cuánto sabía Suiza sobre la procedencia del oro y desde cuándo lo sabía. Este país aceptó el acuerdo de pagar indemnizaciones por valor de 250 millones de francos suizos y prometió también identificar las cuentas bancarias inactivas que nadie reclamara.

“Los suizos fueron los principales banqueros y agentes de bolsa de los nazis, manejando grandes sumas de oro y de divisas fuertes…La neutralidad chocaba con la moral; con demasiada frecuencia ser neutral proporcionaba un pretexto ideal para evitar las consideraciones morales”, afirmaba Stuart Eizenstat, abogado y diplomático estadounidense que fue subsecretario de Comercio de Estados Unidos para el Comercio Internacional.

El comercio del oro impulsa el régimen del apartheid en Sudáfrica

Pieth señala también que el comercio del oro fue vital para la supervivencia del régimen del apartheid sudafricano. Cuando el London Gold Pool (una plataforma de comercio del oro) se cerró en 1968, tres bancos suizos aprovecharon la oportunidad para crear el Zurich Gold Pool. Los bancos UBS, Crédit Suisse y SBV convencieron a Sudáfrica de comercializar su producción de oro a través de Zúrich, en lo que se conoció como “el golpe maestro sudafricano”.

Además de vender armas a Sudáfrica, Suiza comercializaba el oro y los diamantes del país que había sido marginado internacionalmente. Cerca del 80% del oro importado de Sudáfrica durante la década de 1980 fue refundido y grabado con el sello de calidad suiza en las refinerías creadas por esos bancos comerciales.

Pieth afirma en su libro que el expresidente del Banco Nacional Suizo, Fritz Leutwiler, salvó a Sudáfrica de la bancarrota al ayudar a este país a reestructurar su deuda pública. El temor a ser hecho responsable de apoyar el apartheid llevó a Suiza a dejar de publicar datos oficiales y estadísticas comerciales sobre el oro a partir de 1981.
“Parece que los bancos comerciales y los funcionarios suizos actuaron como agentes del lavado de oro durante uno de los momentos más delicados y moralmente más dudosos de la historia”, concluye Pieth.

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Las prácticas turbias se mantienen

Pieth señala que las refinerías con sede en Suiza aseguran hoy que la cantidad de oro de origen problemático de sus cadenas de suministro es insignificante, aún cuando el riesgo no puede excluirse por completo. ONG suizas como Public Eye y Asocación para los Pueblos Amenazados están en desacuerdo con esa afirmación y lo han reflejado en numerosos informes denunciando problemas de derechos humanos y medioambientales desde Perú a Togo. En su libro Pieth desvela algunos problemas de las cadenas de suministros de las refinerías Metalor y Valcambi en América del Sur y África, subrayando, a medida que avanza el libro, las limitaciones que se dan en los procedimientos de auditoría y la necesidad de interpretar las normativas existentes de manera más estricta.

“Si fuera cierto solo la mitad de las informaciones que facilitan los medios de comunicación y las ONG, habría que revisar a fondo los procedimientos actuales de auditoría y sobre todo el modo de ejecutar esos controles”, afirma Pieth en su libro. El autor cree que Suiza, que es sede de cuatro de las refinerías más grandes del mundo y el importador de hasta el 70% del oro mundial, debería poner más alto el listón.

Sin embargo, el gobierno suizo se ha mostrado reacio en numerosas ocasiones a aprobar una reglamentación más estricta sobre los metales preciosos, por temor a que el sector perdiera competitividad. El principal debate ahora en Suiza sobre las cadenas de suministros es si los controles de auditoría deben hacerse obligatorios. Esta pregunta podría responderse en la próxima votación popular sobre la Iniciativa de responsabilidad de las empresas, que precisamente propone llevar a cabo esto.

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